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lunes, 5 de diciembre de 2011

La Fiesta del chivo vs. La Fiesta del toro

Los pasados 2 y 3 de diciembre del 2011, Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela, fue la sede la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), un evento que congregó a Jefes de Estado y Cancilleres de 33 países del hemisferio. Sin embargo, aquí en Ecuador, prácticamente esta magna cumbre pasó desapercibida. El genio venezolano Gustavo Dudamel abrió el evento con un magnífico concierto de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, orgullo no solo de Venezuela, sino de toda América Latina y del mundo.

Aquí en Ecuador, al parecer, la noticia no fue del interés de nadie.

Quito, la capital del país se encuentra celebrando el 477 aniversario de la fundación española. Hay conciertos en las plazas y parques, serenata al alcalde y al presidente, elección de reinas y hasta promoción de 5 x 1 en Movistar. La ciudad es una locura por estos días. Es sólo caminar por sus calles para encontrarse a cada paso con chivas repletas de jóvenes gritando y bailando las tradicionales canciones quiteñas interpretadas por un grupo español de los años 70. Mientras tanto, un conglomerado de jóvenes protesta en contra de la Feria Taurina Jesús del Gran Poder, la misma que, desde 1961 ha sido el marco general del programa de festejos. Los manifestantes han acudido al municipio con pancartas y carteles en contra de los toros, que este año tienen el añadido de que al final, el toro no muere en público. En la última consulta popular apoyada por el 64 por ciento de los ecuatorianos, se votó en contra de la muerte de los animales en espectáculos públicos, no obstante, para los antitaurinos, esto no es suficiente. Piden la cabeza del alcalde y exigen que se acabe de una vez por todas, la fiesta brava. El Nobel peruano Mario Vargas Llosa, a finales de los años setenta publicó su obra La fiesta del chivo, una novela de corte político, cuyo trasfondo es una dura crítica a la brutal dictadura del dictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo. Hoy, en pleno mes de diciembre de 2011, ciertos “actores sociales” pretenden hacerse escuchar con “La fiesta del toro”, una obra que aunque aparentemente tiene un trasfondo ecologista, no deja de ser, a mi parecer, un tema intrascendente frente a otros de mayor importancia como el hambre en el mundo, el peligro de una guerra nuclear, el cambio climático, o las terribles declaraciones del Representante de “Dios” en la Tierra, aceptando la pederastia y las violaciones a niños como algo “normal en ciertas épocas”.  

Pero, mientras la capital del Ecuador se mueve al ritmo de los antitaurinos y de las fiestas y, el país entero, a través de los medios se contagia del furor quiteño, en Caracas, Venezuela, el 2 y 3 de diciembre de este año se estaba desarrollando la primera Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), en la cual, además del Presidente Rafael Correa Delgado, también asistieron 32 Jefes de Estado y Cancilleres de todo el hemisferio, exceptuando a Canadá y Estados Unidos.

Sin embargo, esta cita histórica y que marca un hito en la nueva geopolítica mundial, en Ecuador parece que a nadie le interesó.

No se trata sólo porque el Primer Mandatario asistió como representante nuestro, sino porque es fundamental que los pueblos estemos enterados de lo que hacen nuestros gobernantes. La historia del mundo está dando un giro de 360 grados. Ya los países que antes primero fuimos subdesarrollados, luego pasamos a ser del tercer mundo y ahora nos ascendieron a “emergentes”, estamos demostrándole a la humanidad entera que somos la gente del presente, que estamos aquí y ahora dispuestos a enfrentar los retos del futuro.
La CELAC fue creada el martes 23 de febrero de 2010 en sesión de la Cumbre de la unidad de América Latina y el Caribe, en la ciudad de Playa del Carmen, Quintana Roo, México[1].

Con una población total de 550 millones de habitantes y un territorio de más de 20 millones de kilómetros cuadrados, la región que forma parte de la CELAC es una de las más ricas y biodiversas del planeta. Y es que América Latina no es, ni nunca ha sido el continente más pobre del mundo como nos quisieron hacer creer, pero sí el de mayores inequidades. No puede ser posible que dos países pequeños que comparten un mismo territorio, como son República Dominicana y Haití vivan dos realidades tan diferentes. Lo único que los separa es una cordillera, un lago y el idioma. Mientras los dominicanos viven en el espejismo del turismo, de los resorts y de los dólares que ocultan realidades, los haitianos aún no logran reconstruir sus casas después del terremoto del 2010. ¿Por qué si tantas naciones ayudan a Haití, incluyendo a Ecuador, la miseria es cada vez peor en Haití?

En Chile cientos de miles de estudiantes han sido víctimas de la represión por parte de los tristemente célebres carabineros, tan sólo por exigir al Sr. Piñeyra que cumpla con lo que ofreció en campaña: educación para todos.

En Perú los mineros de la región de Cajamarca se oponen al desarrollo del proyecto Minas Congas, en el cual la compañía Yanacocha, con capitales de la estadounidense Newmont, aspira a explotar la mina de oro más grande de Sudamérica.

En Colombia también profesores y estudiantes han salido a las calles para exigir al gobierno de Santos que se transforme diametralmente la educación para que sea universal, gratuita e inclusiva.

En Guatemala se acaban de celebrar elecciones presidenciales, en las cuales, de aproximadamente 7’350.000 electores inscritos, apenas votaron 4’300.000, es decir que cerca de 3’000.000 de guatemaltecos inscritos decidieron no votar y de los que sufragaron, cerca de 300.000 fueron nulos y blancos.

Todos estos acontecimientos nos deben invitar a reflexionar sobre el camino que están siguiendo nuestros países latinoamericanos. Los pueblos están exigiendo cambios, pero no de forma, sino de base y sobre todo, de fondo. Educación y salud universal, gratuita e inclusiva, son dos elementos básicos para el desarrollo de las naciones. Eso es lo que exigen los jóvenes indignados de nuestra América morena, mientras esos guatemaltecos que no votaron, y que de seguro la mayoría fueron jóvenes, le dicen NO a la democracia, pero no a “la democracia”, sino a esa “democracia” falsa que les ofrecen los mismos de siempre y que no representa ningún camino hacia un mejor futuro.

La I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) ha sido un magno evento en el que los países de este lado del mundo, han firmado una declaración en la que se comprometen a que esta no sea una cumbre más, ni una reunión más, sino, como dijo la presidenta de Argentina, Christina Fernández: “Yo sugiero que estas cumbres debemos tornarlas un poco más ejecutivas, abordando temas más efectivos, más conducentes a lograr verdaderamente mecanismos de integración; la integración no se va a dar aquí porque estemos hablando discursos[2]”.




La CELAC pretende convertirse en la voz de los países latinoamericanos y caribeños; en un organismo que contribuya a lograr una verdadera unidad y hermandad de los pueblos, fortaleciendo sus relaciones comerciales y culturales. Tan importante ha sido esta cita, que el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos se ha manifestado diciendo que el único organismo que tiene potestad para discutir sobre los asuntos del continente es la OEA y que no ve con buenos ojos el reconocimiento de esta nueva institución.

Es increíble pensar que en pleno siglo XXI, con una dinámica política y económica en constante cambio, aún haya quienes crean que un solo país pueda descalificar a 33 estados que se han pronunciado en Caracas, diciéndole al mundo que América Latina ya tiene su propia voz.




Como nota de esta cumbre cabe señalar que el cierre se hizo con un increíble concierto de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, a cargo del maestro Dudamel, en el que el dúo puertorriqueño Calle 13 presentó su último tema “Latinoamérica”, con una letra desgarradora y que nos invita a reflexionar sobre lo que somos y hemos sido. Al final, su mensaje fue de ser el mensajero de aquellos boricuas que anhelan tener una patria libre y soberana, algo que le valió la crítica de muchos opositores de esta cumbre y que de seguro que les traerá problemas en Miami y en Estados Unidos, donde fueron galardonados con el Emmy.

Sin embargo, mientras Latinoamérica y el Caribe, después de doscientos años,  alzaban su voz en una cumbre sin precedentes en la historia de nuestro continente, en Ecuador parece que a nadie le interesó el tema.  

Para algunos, defender la vida de un toro que de todos modos sirve para la alimentación humana, ha sido más importante que una cumbre que congregó a 33 naciones y cuyas resoluciones definirán el futuro de todos los que somos parte de esta patria grande llamada Latinoamérica.

Por lo menos, La fiesta del chivo de Vargas Llosa tenía un trasfondo, lo que me preocupa es que La fiesta del toro que se ha montado en Quito, no lo tenga y que mas bien se convierta en un tema intrascendente que nos aleje de los temas coyunturales que realmente deberían hacernos pensar.




[1] Tomado de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/CELAC. Consultado el 5 de diciembre de 2011.
[2] Extracto del discurso de la Presidenta Christina Fernández, transmitido por Visión Siete, de la Televisión Pública Argentina. http://www.youtube.com/watch?v=tIiFI8ekI5U. Consultado el 6 de diciembre de 2011.

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