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miércoles, 8 de junio de 2011

La verdad sobre el Fujimosrismo

Aunque no es un trabajo mío, reproduzco estas imágenes enviadas por un hermano peruano. Contribuyo a difundir esto para que no perdamos la memoria.

 











































































 











sábado, 4 de junio de 2011

EL BICENTENARIO: ¿200 AÑOS DE QUÉ?









Entre el 2009 al 2011, varias de las naciones latinoamericanas hemos estado celebrando el tan trillado BICENTENARIO con desfiles militares, comparsas, presentaciones artísticas y discursos de uno y otro lado, pero mis preguntas son... ¿qué estamos celebrando? ¿Será que los ciudadanos estamos realmente concientes de qué celebramos? ¿Y la juventud? ¿Qué dice la juventud?

¿Qué ha pasado en 200 años? 

Hace 200 años gran parte de América Latina rompió las cadenas que la ataban a la Metrólpoli española, que durante trescientos años nos mantuvo bajo su yugo. La historia colonial representa una de las etapas más complejas de nuestra historia, en la cual se fueron consolidando las estructuras sociales y económicas que nos rigen hasta hoy. 

Primero, la explotación del hombre por el hombre evidenciada en el sometimiento de los pueblos originarios y luego, de los negros traídos como esclavos desde África.

Segundo, el maltrato y humillación al mestizo, quien era demasiado negro para ser blanco y muy blanco para ser indio o negro. 

Y tercero, la concentración del poder político y económico en manos de una minoría "blanca".

Cuando se dieron los primeros movimientos revolucionarios en América Latina, no es tan cierto que los pueblos se revelaron contra el sistema de opresión. Ese es un cuento de hadas que nos han relatado desde la escuela para hacernos creer que todos los latinoamericanos luchamos desde un inicio por nuestra libertad. 

 Mapa de las colonias españolas en América en el siglo XVIII.

Para entender mejor este proceso, debemos saber que a lo largo de dos siglos, entre el XVI y el XVII, todas las actividades productivas de América (minería, plantaciones de caña de azúcar, tabaco, producción textil, etc.) estuvieron bajo el control absoluto de España.   

En el siglo XVIII, luego de dos centurias de haber sido gobernados por la dinastía de los Habsburgo (de origen austriaco-alemán), entraron al poder los monarcas de la Casa de Borbón (de origen francés), los cuales impusieron una serie de medidas económicas conocidas como Reformas Borbónicas. Su idea era estimular la producción de manufacturas americanas y el desarrollo de nuevas tecnologías, con el objetivo de modernizar España. Mientras tanto en las colonias, también se trataba de hacer más eficiente la administración del Estado y promover su desarrollo económico, fiscal y comercial. Pero, en muchas regiones de nuestro continente, los "criollos" vieron en estas medidas, una seria amenaza a su poder. 

Esto desencadenó una crisis institucional sin precedentes y que le costó a España la posterior pérdida de sus posesiones de ultramar.  

Y para agravar más la situación, un chaparrito francés llamado Napoléon Bonaparte, decidió convertirse en el dueño absoluto del mundo; entonces se lanzó a la conquista de Europa y, a su paso por tierras ibéricas rumbo al puerto de Lisboa, decidió aprovechar la ocasión para conquistar tierras castellanas. El sucesor al trono español, Fernando VII fue obligado a abdicar y su corona entragada a "Pepe Botellas", hermano de Napoleón.
Si ya desde el reinado de Carlos III (1759-1788), la América española era más francesa que el pâté de foie gras, con la llegada de los Bonaparte, España tuvo que dejar de bailar seguidillas para empezar a bailar al son de la contredanse

Esta crisis interna desencadenó una honda preocupación en las élites americanas, por cuanto veían amenazados sus propios intereses. De inmediato se produjeron los primeros movimientos a través de la creación de las famosas "juntas" soberanas de gobierno. Chuquisaca (Alto Perú), Montevideo (Banda Oriental) y Quito (Real Audiencia de Quito) serán las primeras ciudades donde sus élites se revelaron, pero ojo, no contra España, sino contra la invasión francesa. 

Al ser los criollos, hijos de españoles nacidos en América y criados bajo un régimen monárquico, era imposible pensar que se revelaran contra una autoridad a la que ya estaban más que acostumbrados. Los primeros manifiestos son en pro de la restitución de la monarquía bajo el mandato de Fernando VII.  

Tal era la costumbre de vivir en monarquía que, por ejemplo Brasil, que estaba gobernado por Don Pedro I, hijo del Rey de Portugal Joao VI, declaró su independencia creando el primer Imperio del Brasil. Del mismo modo los mexicanos tuvieron a un emperador austriaco llamado Maximiliano I.

Pero entonces ¿en qué momento se pensó en la independencia?

Muchos de estos ilustrados habían estado en Francia, por lo tanto traían consigo las nuevas inquietudes que se fraguaban allá con respecto a la creación de una República, por otra parte, los ilustrados también recibieron la influencia de la masonería, una institución secreta muy antigua que busca la verdad a través de la razón y fomentar el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. 

En medio de la difícil situación en la península, se organizaron unas cortes en la ciudad española de Cádiz, la cual fue sede de una especie de asamblea constituyente que buscaba la independencia de España y la consolidación de su soberanía. Sin embargo, en la Constitución de 1812, las colonias americanas tuvieron poca representación real y pocos beneficios, lo que fue incrementando el descontento y el desconcierto por parte de los criollos. 

 Cortes de Cádiz

Por otra parte, en el norte de América, 13 pequeñas colonias dependientes del Reino Unido localizadas en la costa Este de lo que hoy es Estados Unidos, lograron su autonomía en 1776 y, en 1804, otro pequeño territorio, pero esta vez ubicado en el Mar Caribe, logró su independencia de Francia. Su nombre: Haití, primera nación negra libre del mundo y que ha llegado al siglo XXI como la más pobre y miserable. 

Con todos estos vientos flotando en el aire y las ideas de alguno que otro criollo ilustrado como el Generalísimo Francisco de Miranda de Venezuela, se comenzó a pensar en la posiblidad de una independencia. 

En Quito, los criollos se reunieron en la navidad de 1808, planearon la creación de una Junta Soberana de Gobierno y consolidaron sus acciones en 1809. No obstante, los conflictos de intereses y la falta de apoyo, hicieron que este movimiento fracasara. Los rebeldes fueron encarcelados y cruelmente asesinados en una masacre sin precedentes en la historia ecuatoriana y de la cual la mayoría de los jóvenes de hoy, no tienen ni idea. 

Pienso que este hecho en particular, fue una de las pautas que hizo a los criollos del resto de colonias, decidirse a jugársela toda por la independencia.  

Entonces aparecieron insignes personajes como el hondureño Francisco Morazán (1792-1842), el venezolano Simón Bolívar (1783-1830), el argentino José de San Martín (1778-1850), el chileno Bernadro O' Higgins (1778-1842) o el uruguayo José Gervasio Artigas (1764-1850). Todos líderes indiscutibles de las guerras de independencia hispanoamericana que se desarrollaron entre 1811 a 1829. 


 Mapa de las independencias americanas entre 1779 a 1980.

A lo largo de este proceso, la realidad de nuestras naciones era muy compleja. Por un lado estaban los criollos que se debatían entre el destino incierto de una independencia o el retorno a un régimen en decadencia. 
Por otro lado, en cambio, estaban millones de mestizos, indígenas y negros para quienes las condiciones de vida eran muy precarias. 

Actualmente se debate en el seno de las academias de historia acerca de la real participación del pueblo en el proceso independentista americano. No obstante, si bien considero que  la hubo, debo señalar que a mi parecer, las motivaciones eran distintas. 

Mientras los criollos buscaban la consolidación de su poder político y económico, los indígenas, negros y mestizos tan solo buscaban que su situación mejore, que ya no exista más esclavitud y que de ese modo se les permita recobrar su dignidad. 

Entonces...¿qué pasó a raíz de la independencia?
No mucho en realidad, pues mientras los criollos se acomodaron, el resto de la población siguió viviendo como pudo. 

Las inequidades sociales no cambiaron, sólo los nombres de los problemas y de los actores. 

En la mayoría de naciones latinoamericanas, los presidentes no se eligieron por sufragio universal directo de hombres y mujeres, en algunos casos, hasta bien entrado el siglo XX. Así tenemos:

Uruguay
1918
Ecuador
1924
Venezuela
1947
Argentina
1949
Bolivia
1952
México
1953
Colombia
1957

Sus representantes eran elegidos por los diputados que casi siempre eran los representantes de los grupos de poder. Fue en ese largo período que se inició en 1830, cuando se fueron conformando las piezas de este rompecabezas que es ahora América Latina. 

La historia republicana de nuestro continente desde el Río Grande a Tierra del fuego, se debatió en el siglo XIX entre tres poderes políticos: los conservadores, la Iglesia Católica y los liberales. 

En medio de las confrontaciones políticas e ideológicas, la economía de las naciones se concentró en la minería, agricultura, ganadería y la producción de materias primas. La brecha social entre ricos y pobres no se cerró. Mas bien se abrió cada vez más. 
Procesos como la Revolución Liberal de Eloy Alfaro en Ecuador, llevada a cabo en 1895, no significó el fin de las desigualdades. Aunque se lograron reformas muy positivas como la educación laica tanto para hombres como para mujeres; la separación de la Iglesia del Estado y el impulso a la unidad nacional a través de la terminación del ferrocarril Quito-Guayaquil, a la final, el caudillo fue asesinado y el control de Estado quedó en manos de los mismos de siempre, solo que en lugar de ser meros señores feudales, se convirtieron en agro-exportadores y banqueros. 
En México se produjo la famosa Revolución de 1910, donde indígenas y campesinos hicieron oír su voz y se dio paso a una transformación del Estado. Sin embargo, ¿qué pasó?

Desde mediados del siglo XIX, las garras de un águila empezarían a asechar a las naciones latinoamericanas. Para lograr la independencia de España, la mayoría de países se endeudaron con Inglaterra, lo cual siginifcó que salieron de Guatemala para caer en guatepeor. 

Pero después de los británicos, entraron en escena los norteamericanos. En 1846 invadieron México con el propósito de apoderarse de los territorios de Texas (que se independizó de México en 1836), Nuevo México y California. 

Entre 1879-1883 se produjo la Guerra del Pacífico entre Bolivia, Chile y Perú, detrás de la cual se encontraban los intereses económicos de nortemaericanos y británicos. 

Luego vendría la Guerra Hispano-cubano-americana que logró sellar la independencia de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas en 1898. Ese fue el inicio de un intervencionismo más: el de Estados Unidos sobre América Latina y del que no podemos salir hasta ahora. 

Ahí está parte de la respuesta a la interrogante: ¿qué ha pasado en América Latina en estos últimos 200 años?

La verdad es que ha sido difícil, pues en cada proceso histórico acaecido a lo largo de dos centurias, los pueblos han luchado por reivindicarse, por tener una vida digna, más justa, porque se acabe la injusticia, pero al parecer la mala suerte nos ha acompañado, porque cada vez que los latinoamericanos hemos querido surgir, algo grande viene y nos aplasta. 
Hemos llegado al siglo XXI con profundas heridas, huellas indelebles de 200 años de  una historia inacabada que nos motiva a estudiarla, repensarla, analizarla. El BICENTENARIO no debería ser tan sólo el pretexto para dar discursos bonitos, ni para organizar desfiles pomposos. Es una fecha que debe invitarnos al debate y a la reflexión.



 


jueves, 2 de junio de 2011

HONDURAS, ¿RETORNO A LA OEA O EL TRIUNFO DE LA IMPUNIDAD?

Ayer, 1ero. de junio, Día Internacional de Niño, la Organización de Estados Americanos aceptó de nuevo a Honduras como miembro, con 32 votos a favor y uno en contra (el de Ecuador), luego de que fuera retirada de dicho organismo, después del Golpe de Estado del 2009 que sacó del poder al presidente constitucional Manuel Zelaya.
Porfirio Lobo, el nuevo presidente hondureño, elegido en medio de un proceso muy polémico, logró con el apoyo de los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Juan Manuel Santos de Colombia, que su país sea de nuevo aceptado en el organismo internacional en aras de fortalecer la democracia en esa nación hermana. 

Por otra parte, Manuel Zelaya obtiene la autorización de volver a su patria y se firma un acuerdo en  el cual se le retiran los cargos que le había impuesto el gobierno de facto de Roberto Micheletti (responsable del Golpe de Estado).

Ahora todos los medios de comunicación le han dado cobertura a este evento y los Estados Unidos han aplaudido el restablecimiento de la "democracia" en Honduras, sin embargo me pregunto: ¿Será que esto es suficiente para que los hondureños olviden lo terrible de su historia? ¿Será que esta resolución  traerá de vuelta a los muertos durante las manifestaciones populares en favor de Zelaya? ¿Será que ahora Honduras podrá seguir su lucha por lograr construir un país más justo y solidario?

En verdad pienso que antes de emitir cualquier juicio, es importante conocer algunos detalles de la historia contemporánea de Honduras, una de las naciones más aplastadas por el imperialismo y las inequidades.
Honduras, país cuyo nombre proviene de "hondo", "profundo", debido a la profundidad del agua que los españoles encontraron en las costas caribeñas, parece realmente haber tocado fondo. 

La historia de esta nación, así como de toda América Latina ha sido una sucesión de conflictos armados, golpes de estado e intervencionismo norteamericano. Durante la primera mitad del siglo XX, la economía de Honduras, basada - igual que la de Ecuador - en la agricultura, estuvo controlada por la United Fruit Company y la Standard Fruit Company, quienes monopolizaron los cultivos de banano.

Los gobiernos de esta época no fueron más que simples títeres al servicio de los intereses del Departamento de Estado de E.U.A. 

A mediados de los sesenta, la mayor parte de las tierras cultivables en El Salvador estaba controlada por terratenientes. Las malas condiciones de vida, obligaron a miles de salvadoreños a migrar a Honduras.  En 1969, tras la reforma agraria realizada en tierra hondureña, se expropiaron tierras y se expulsó a los salvadoreños que habían vivido allí por generaciones. Esto fue aprovechado por los gobiernos de ambos países para alimentar los conflictos binacionales. En este proceso, los medios de comunicación jugaron un papel super importante, ya que promovieron el odio entre hondureños y salvadoreños.

Las tenciones se agravaron durante los partidos de fútbol jugados entre ambas naciones, previo a las elimitarios del mundial de 1970. El 14 de julio de 1969, el ejército salvadoreño lanzó un ataque contra Honduras y consiguió acercarse a la capital hondureña Tegucigalpa.

Así se desató una guerra que duró apenas 4 días, que causó la muerte de entre 4.000 a 6.000 civiles y 15.000 heridos, pero, a pesar del fin del conflicto, las tensiones entre ambos países se intensificaron, a medida que los Estados Unidos, a través del Fondo Monetario Internacional y la CIA, tomaron severas medidas para evitar el avance del comunismo en la región, situación que se intensificó tras el triunfo de la Revolución Sandinista de 1979 en Nicaragua. 

En 1980, Honduras y El Salvador firmaron definitivamente un acuerdo de paz en Lima, Perú, en el cual se dispusieron resolver sus problemas fronterizos en la Corte Internacional de Justicia. 

En 1982, se aprobó una nueva constitución con el fin de restaurar el estado de derecho. Esta constitución fue el resultado del fruto de " negociaciones" entre las fuerzas políticas y los militares. En ella se redujo el periodo presidencial, se estableció la no reelección; y le dieron a las FFAA la tutela del sistema, en el caso que alguno quisiera atentar contra la democracia y suprimir la nueva carta magna. En medio de este proceso, Roberto Suazo Córdova resultó electo presidente constitucional. Prometió una revolución de honestidad y trabajo, pero en realidad se dedicó a atacar a los comunistas y a formar escuadras contrarrevolucionadas, con el apoyo del presidente gringo Ronald Reagan y la participación directa de la CIA.

Desde entonces, la situación de Honduras fue de mal en peor. Los gobiernos que siguieron se dedicaron a cumplir con las exisgencias de los Estados Unidos a tal punto que, en 2001, Centromérica, incluyendo a República Dominicana, se adhirieron al DR-CAFTA (Dominican Republic-Central American Free Trade Agreement), que no es sino, un tratado de libre comercio entre estas naciones con los gringos. Tras la invasión norteamericana de Irak en 2003, el gobierno de Ricardo Maduro aprobó enviar soldados hondureños a morir en una guerra que nisiquiera nos pertenece, mientras la situación de la mayoría de la población se debatía entre la extrema pobreza y los conflictos de pandillas y el narcotráfico, todos males introducidos por EUA.

En 2006, gana las elecciones Manuel Zelaya, un hombre progresista que quiso darle un giro a la política hondureña, emprendiendo profundas reformas sociales. Firmó un acuerdo petrolero con Hugo Chávez, se declaró de izquierda, se alejó de Washington y metió a Honduras en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA). El siguiente paso en esta transformación nacional, fue la convocatoria a un proceso constituyente.

Esto, desde luego, trajo como consecuencia, el resentimiento de la alta burguesía hondureña, representada por los partidos políticos tradicionales, así como de la banca privada y los medios de comunicación que no le perdonaron a Zelaya el haberse "atrevido" a enfrentarse con Estados Unidos y haberse aliado con los malejemplosos del Sur. 

Entonces, con el apoyo de los gringos, a través de la USAID y con la venia del Departamento de Estado,  y con el apoyo del ejército, detuvieron el cambio de la Constitución para renovar su mandato y declararon ilegal su encuesta-consulta del 28 de junio de 2009. Ese día, los militares irrumpieron en la casa del presidente Zelaya, lo depusieron  y tras el éxito del Golpe de Estado, el Congreso eligió para sustituirle al liberal Roberto Micheletti.


De inmediato, la sociedad civil salió a las calles de todo el país en respaldo a quien, para la gran mayoría ,era la esperanza de recuperar Honduras para los hondureños, aunque estas manifestaciones no fueron de interés para los medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, quienes manipularon toda la información. El rechazo de los organismos internacionales al golpe fue unánime, pero al interior del país, los poderes fácticos de la ultraderecha cantaban su victoria. Una vez más, los sueños de este país centroamericano por ser libre, soberano, democrático, se vieron interrumpidos por los intereses econímicos de ciertos sectores. 

Zelaya fue obligado a irse del país, pero con una serie de imputaciones en su contra. Pero gracias al apoyo de naciones hermanas como Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Nicaragua, Uruguay, Paraguay y República Dominicana, el líder hondureño no declinó en su lucha porque a su patria se le devuelva el derecho a una vida digna, más justa. 

Pero luego de casi dos años en los cuales se le ha robado la dignidad al pueblo hondureño; que se ha pisoteado una vez más a tan trillada palabra  "democracia"; que se ha comprobadao por enésima vez que los grupos de poder no van a soltar prenda tan fácilmente y que los Estados Unidos continuará su lucha por mantener a toda costa su hegemonía mundial me pregunto: ¿Qué les espera a nuestras naciones latinoamericanas de aquí en adelante? 

La idea de reinsertar a Honduras en la OEA me ha parecido un simple intento por ocultar debajo del tapete, el verdadero trasfondo de esta situación. Una vez más gana la impunidad, los golpistas salen ilesos, los poderes fácticos siguen dominando y la población cada vez más, es excluída, denigrada, maltratada. 

Ecuador votó en contra con justa razón. El 30 de septiembre del 2010 vivmos monentos caóticos en el país. Nuestra seguridad ciudadana se vio seriamente amenazada tras la revuelta policial, nuestra democracia y soberanía corrió grave peligro tras el intento de golpe de estado y magnicidio en contra de nuestro presidente constitucional, Rafal Correa Delgado y ahora, luego de ocho meses de los hechos, han salido en libertad los culpables. La revista Vistazo ha sacado en su portada el título "JUSTICIA AL FIN".

Me pregunto de nuevo ¿justicia? ¿de qué justicia hablamos? Si ni el presidente de la República  tiene quien le defienda, ¿qué podemos esperar los comunes ciudadanos? Aquí se pretende negar que el 30 de septiembre hubo un intento de golpe de estado, orquestado por personajes muy conocidos, auspiciado por la USAID y el Departamento de Estado de Washington.

En Ecuador lo que ha triunfado hasta el momento es la impunidad  (con el apoyo de los medios de comunicación) y lo de Honduras en la OEA me parece lo mismo, el triunfo del descaro y la impunidad. 

Sólo espero que ahora que Zelaya ha logrado retornar a su patria, le permitan luchar junto a su pueblo por una reforma constituyente que sea más inclusiva y que le permita a Honduras conquistar su DIGNIDAD.