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sábado, 4 de junio de 2011

EL BICENTENARIO: ¿200 AÑOS DE QUÉ?









Entre el 2009 al 2011, varias de las naciones latinoamericanas hemos estado celebrando el tan trillado BICENTENARIO con desfiles militares, comparsas, presentaciones artísticas y discursos de uno y otro lado, pero mis preguntas son... ¿qué estamos celebrando? ¿Será que los ciudadanos estamos realmente concientes de qué celebramos? ¿Y la juventud? ¿Qué dice la juventud?

¿Qué ha pasado en 200 años? 

Hace 200 años gran parte de América Latina rompió las cadenas que la ataban a la Metrólpoli española, que durante trescientos años nos mantuvo bajo su yugo. La historia colonial representa una de las etapas más complejas de nuestra historia, en la cual se fueron consolidando las estructuras sociales y económicas que nos rigen hasta hoy. 

Primero, la explotación del hombre por el hombre evidenciada en el sometimiento de los pueblos originarios y luego, de los negros traídos como esclavos desde África.

Segundo, el maltrato y humillación al mestizo, quien era demasiado negro para ser blanco y muy blanco para ser indio o negro. 

Y tercero, la concentración del poder político y económico en manos de una minoría "blanca".

Cuando se dieron los primeros movimientos revolucionarios en América Latina, no es tan cierto que los pueblos se revelaron contra el sistema de opresión. Ese es un cuento de hadas que nos han relatado desde la escuela para hacernos creer que todos los latinoamericanos luchamos desde un inicio por nuestra libertad. 

 Mapa de las colonias españolas en América en el siglo XVIII.

Para entender mejor este proceso, debemos saber que a lo largo de dos siglos, entre el XVI y el XVII, todas las actividades productivas de América (minería, plantaciones de caña de azúcar, tabaco, producción textil, etc.) estuvieron bajo el control absoluto de España.   

En el siglo XVIII, luego de dos centurias de haber sido gobernados por la dinastía de los Habsburgo (de origen austriaco-alemán), entraron al poder los monarcas de la Casa de Borbón (de origen francés), los cuales impusieron una serie de medidas económicas conocidas como Reformas Borbónicas. Su idea era estimular la producción de manufacturas americanas y el desarrollo de nuevas tecnologías, con el objetivo de modernizar España. Mientras tanto en las colonias, también se trataba de hacer más eficiente la administración del Estado y promover su desarrollo económico, fiscal y comercial. Pero, en muchas regiones de nuestro continente, los "criollos" vieron en estas medidas, una seria amenaza a su poder. 

Esto desencadenó una crisis institucional sin precedentes y que le costó a España la posterior pérdida de sus posesiones de ultramar.  

Y para agravar más la situación, un chaparrito francés llamado Napoléon Bonaparte, decidió convertirse en el dueño absoluto del mundo; entonces se lanzó a la conquista de Europa y, a su paso por tierras ibéricas rumbo al puerto de Lisboa, decidió aprovechar la ocasión para conquistar tierras castellanas. El sucesor al trono español, Fernando VII fue obligado a abdicar y su corona entragada a "Pepe Botellas", hermano de Napoleón.
Si ya desde el reinado de Carlos III (1759-1788), la América española era más francesa que el pâté de foie gras, con la llegada de los Bonaparte, España tuvo que dejar de bailar seguidillas para empezar a bailar al son de la contredanse

Esta crisis interna desencadenó una honda preocupación en las élites americanas, por cuanto veían amenazados sus propios intereses. De inmediato se produjeron los primeros movimientos a través de la creación de las famosas "juntas" soberanas de gobierno. Chuquisaca (Alto Perú), Montevideo (Banda Oriental) y Quito (Real Audiencia de Quito) serán las primeras ciudades donde sus élites se revelaron, pero ojo, no contra España, sino contra la invasión francesa. 

Al ser los criollos, hijos de españoles nacidos en América y criados bajo un régimen monárquico, era imposible pensar que se revelaran contra una autoridad a la que ya estaban más que acostumbrados. Los primeros manifiestos son en pro de la restitución de la monarquía bajo el mandato de Fernando VII.  

Tal era la costumbre de vivir en monarquía que, por ejemplo Brasil, que estaba gobernado por Don Pedro I, hijo del Rey de Portugal Joao VI, declaró su independencia creando el primer Imperio del Brasil. Del mismo modo los mexicanos tuvieron a un emperador austriaco llamado Maximiliano I.

Pero entonces ¿en qué momento se pensó en la independencia?

Muchos de estos ilustrados habían estado en Francia, por lo tanto traían consigo las nuevas inquietudes que se fraguaban allá con respecto a la creación de una República, por otra parte, los ilustrados también recibieron la influencia de la masonería, una institución secreta muy antigua que busca la verdad a través de la razón y fomentar el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. 

En medio de la difícil situación en la península, se organizaron unas cortes en la ciudad española de Cádiz, la cual fue sede de una especie de asamblea constituyente que buscaba la independencia de España y la consolidación de su soberanía. Sin embargo, en la Constitución de 1812, las colonias americanas tuvieron poca representación real y pocos beneficios, lo que fue incrementando el descontento y el desconcierto por parte de los criollos. 

 Cortes de Cádiz

Por otra parte, en el norte de América, 13 pequeñas colonias dependientes del Reino Unido localizadas en la costa Este de lo que hoy es Estados Unidos, lograron su autonomía en 1776 y, en 1804, otro pequeño territorio, pero esta vez ubicado en el Mar Caribe, logró su independencia de Francia. Su nombre: Haití, primera nación negra libre del mundo y que ha llegado al siglo XXI como la más pobre y miserable. 

Con todos estos vientos flotando en el aire y las ideas de alguno que otro criollo ilustrado como el Generalísimo Francisco de Miranda de Venezuela, se comenzó a pensar en la posiblidad de una independencia. 

En Quito, los criollos se reunieron en la navidad de 1808, planearon la creación de una Junta Soberana de Gobierno y consolidaron sus acciones en 1809. No obstante, los conflictos de intereses y la falta de apoyo, hicieron que este movimiento fracasara. Los rebeldes fueron encarcelados y cruelmente asesinados en una masacre sin precedentes en la historia ecuatoriana y de la cual la mayoría de los jóvenes de hoy, no tienen ni idea. 

Pienso que este hecho en particular, fue una de las pautas que hizo a los criollos del resto de colonias, decidirse a jugársela toda por la independencia.  

Entonces aparecieron insignes personajes como el hondureño Francisco Morazán (1792-1842), el venezolano Simón Bolívar (1783-1830), el argentino José de San Martín (1778-1850), el chileno Bernadro O' Higgins (1778-1842) o el uruguayo José Gervasio Artigas (1764-1850). Todos líderes indiscutibles de las guerras de independencia hispanoamericana que se desarrollaron entre 1811 a 1829. 


 Mapa de las independencias americanas entre 1779 a 1980.

A lo largo de este proceso, la realidad de nuestras naciones era muy compleja. Por un lado estaban los criollos que se debatían entre el destino incierto de una independencia o el retorno a un régimen en decadencia. 
Por otro lado, en cambio, estaban millones de mestizos, indígenas y negros para quienes las condiciones de vida eran muy precarias. 

Actualmente se debate en el seno de las academias de historia acerca de la real participación del pueblo en el proceso independentista americano. No obstante, si bien considero que  la hubo, debo señalar que a mi parecer, las motivaciones eran distintas. 

Mientras los criollos buscaban la consolidación de su poder político y económico, los indígenas, negros y mestizos tan solo buscaban que su situación mejore, que ya no exista más esclavitud y que de ese modo se les permita recobrar su dignidad. 

Entonces...¿qué pasó a raíz de la independencia?
No mucho en realidad, pues mientras los criollos se acomodaron, el resto de la población siguió viviendo como pudo. 

Las inequidades sociales no cambiaron, sólo los nombres de los problemas y de los actores. 

En la mayoría de naciones latinoamericanas, los presidentes no se eligieron por sufragio universal directo de hombres y mujeres, en algunos casos, hasta bien entrado el siglo XX. Así tenemos:

Uruguay
1918
Ecuador
1924
Venezuela
1947
Argentina
1949
Bolivia
1952
México
1953
Colombia
1957

Sus representantes eran elegidos por los diputados que casi siempre eran los representantes de los grupos de poder. Fue en ese largo período que se inició en 1830, cuando se fueron conformando las piezas de este rompecabezas que es ahora América Latina. 

La historia republicana de nuestro continente desde el Río Grande a Tierra del fuego, se debatió en el siglo XIX entre tres poderes políticos: los conservadores, la Iglesia Católica y los liberales. 

En medio de las confrontaciones políticas e ideológicas, la economía de las naciones se concentró en la minería, agricultura, ganadería y la producción de materias primas. La brecha social entre ricos y pobres no se cerró. Mas bien se abrió cada vez más. 
Procesos como la Revolución Liberal de Eloy Alfaro en Ecuador, llevada a cabo en 1895, no significó el fin de las desigualdades. Aunque se lograron reformas muy positivas como la educación laica tanto para hombres como para mujeres; la separación de la Iglesia del Estado y el impulso a la unidad nacional a través de la terminación del ferrocarril Quito-Guayaquil, a la final, el caudillo fue asesinado y el control de Estado quedó en manos de los mismos de siempre, solo que en lugar de ser meros señores feudales, se convirtieron en agro-exportadores y banqueros. 
En México se produjo la famosa Revolución de 1910, donde indígenas y campesinos hicieron oír su voz y se dio paso a una transformación del Estado. Sin embargo, ¿qué pasó?

Desde mediados del siglo XIX, las garras de un águila empezarían a asechar a las naciones latinoamericanas. Para lograr la independencia de España, la mayoría de países se endeudaron con Inglaterra, lo cual siginifcó que salieron de Guatemala para caer en guatepeor. 

Pero después de los británicos, entraron en escena los norteamericanos. En 1846 invadieron México con el propósito de apoderarse de los territorios de Texas (que se independizó de México en 1836), Nuevo México y California. 

Entre 1879-1883 se produjo la Guerra del Pacífico entre Bolivia, Chile y Perú, detrás de la cual se encontraban los intereses económicos de nortemaericanos y británicos. 

Luego vendría la Guerra Hispano-cubano-americana que logró sellar la independencia de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas en 1898. Ese fue el inicio de un intervencionismo más: el de Estados Unidos sobre América Latina y del que no podemos salir hasta ahora. 

Ahí está parte de la respuesta a la interrogante: ¿qué ha pasado en América Latina en estos últimos 200 años?

La verdad es que ha sido difícil, pues en cada proceso histórico acaecido a lo largo de dos centurias, los pueblos han luchado por reivindicarse, por tener una vida digna, más justa, porque se acabe la injusticia, pero al parecer la mala suerte nos ha acompañado, porque cada vez que los latinoamericanos hemos querido surgir, algo grande viene y nos aplasta. 
Hemos llegado al siglo XXI con profundas heridas, huellas indelebles de 200 años de  una historia inacabada que nos motiva a estudiarla, repensarla, analizarla. El BICENTENARIO no debería ser tan sólo el pretexto para dar discursos bonitos, ni para organizar desfiles pomposos. Es una fecha que debe invitarnos al debate y a la reflexión.



 


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