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viernes, 27 de mayo de 2011

Libertad y Educación...

Esbozar un concepto de libertad resulta bastante complejo, si tomamos en cuenta que a lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha obrado según la sociedad en la que le tocó vivir. Para el filósofo y escritor Farnando Savater, “la libertad es una necesidad de nuestra condición, no podemos dejar de ser libres”[1]

Hace 130.000 años, cuando surgieron los primeros Homo sapiens modernos, la tierra era un lugar donde estos seres vivían con absoluta libertad, andaban por doquier y vivían de lo que encontraban, ya sean restos de animales o frutos y plantas silvestres. 

Paralelamente, con el aumento de la población, también se incrementaron las necesidades y, conforme el hombre fue avanzando en su conquista del mundo, se hizo necesario que exista un tipo de organización. Así surgieron las primeras bandas, como una de las primeras formas de organización social. En ellas todos sus miembros participaban de todas las actividades como cazar, recoger alimentos o participar de alguna ceremonia. No existía una autoridad centralizada, sino un jefe que actúa en situaciones específicas[2].  

Posteriormente surgieron las tribus, con una forma de organización más compleja y en la cual ya se requirió de una autoridad, la misma que podía recaer en una persona, como en un consejo conformado por los miembros más sabios. De ese modo la humanidad tuvo que organizarse y luego, con la expansión de estas culturas se produjo el contacto con otras y entonces se dio paso al intercambio no sólo de productos comerciales y agrícolas, sino también de ideas y valores.

Dentro de esta organización, fue necesario crear normas que debían regir a estas sociedades, así como algunos principios que les permitiera entablar relaciones con otros pueblos. Por otro lado,  el hombre tuvo la necesidad de cuestionarse acerca de todo aquello que le rodeaba. Montañas, ríos, el rayo, la lluvia, eran fenómenos para los cuales necesitó una explicación. Entonces surgieron los mitos y las leyendas, y, posteriormente, los primeros dioses a quienes se les atribuyó el origen divino de dichos acontecimientos. Esto devino en el surgimiento de las primeras religiones y cultos, lo cual significó que las distintas sociedades debieran buscar maneras de socializarse entre sí, pero respetando las creencias del otro. 

En muchos pueblos de la antigüedad, hombres y mujeres vivieron, de cierto modo, libres, pues aunque todos eran regidos por un jefe, tenían los mismos derechos, oportunidades y acceso a los recursos. Pero pronto surgieron las primeras grandes culturas expansionistas en Mesopotamia, el norte de África y el Mediterráneo, las cuales debido a su forma de organización socio-económica, limitaron las acciones de sus habitantes, debido a que establecieron nuevas leyes y dieron paso al nacimiento de las primeras clases sociales.

Los recursos ya no eran repartidos de la misma forma entre los habitantes de la civilización, puesto que las clases dominantes (políticas y religiosas) tenían mayor acceso a la producción y, los excedentes servían para el comercio. Del mismo modo, el interés por obtener productos de otras tierras llevó al ser humano a conquistar otros territorios. Así los griegos y romanos y, posteriormente los cristianos, expandieron sus dominios a costa del sometimiento de decenas de pueblos. 

Para el siglo XV, Europa se fue consolidando como el continente de más rápido crecimiento económico, debido a que la mayoría de culturas que allí se asentaron tuvieron una evolución que los hizo ser expansionistas. Gracias al desarrollo de la navegación y a los posteriores viajes de ultramar, las fronteras del mundo se fueron ampliando tanto a oriente como a occidente, descubriendo territorios tan vastos e inexplorados como África y América. 

Durante los tres siglos siguientes, en el mundo se fueron conformando dos actores, los dominadores y los dominados. España se había apropiado de los territorios de antiguas civilizaciones como los aztecas, mayas e incas de América; Portugal se adueñó de África y la parte oriental de América del Sur y, posteriormente entre Francia e Inglaterra se repartieron algunas tierras del Caribe, América del Norte, Asia y Oceanía. 

El mundo se fue conformando como un espacio en donde los seres humanos inventaron una línea imaginaria que dividió a la Tierra en dos grandes áreas. Los países de arriba se consolidaron como entes de poder, sometiendo a los países de abajo. Para finales del siglo XVIII, comenzó una carrera contra el tiempo vinculada al enriquecimiento de las naciones de arriba, a costa de los recursos de las naciones de abajo. Empezó entonces la Revolución Industrial y con ella el acelerado proceso de desarrollo económico. En medio de este boom, en Europa aparecieron las inequidades que estuvieron ocultas por siglos, lo que desató la famosa Revolución Francesa de 1789. Con ella los hombres buscaron llegar a obtener la tan ansiada libertad. Sin embargo, aunque se derrocó a la monarquía absolutista y se constituyó la República y se promulgaron los Derechos del Hombre, la brecha entre ricos y pobres no cambió en los siglos siguientes.

Con todo este antecedente nos cuestionamos ¿qué es la libertad?

Según el filósofo suizo Rousseau, “hay una división entre dos tipos de libertad. Hay libertad personal y libertad social. La libertad personal viene de los instintos básicos del ser humano y de su natural egoísmo. Un individuo actúa sólo si se beneficia. Rousseau también llamó a esta libertad como un estado de la naturaleza. La segunda, la libertad social, se logra cuando un individuo obedece los deseos de la voluntad general”[3].

Si tomamos en cuenta estas premisas, podríamos decir que la libertad humana siempre está supeditada a otros. Es difícil ejercer una plena libertad sin que este hecho esté vinculado con las demás personas. No obstante, creo que tanto hombres y mujeres nacemos libres, pero es la sociedad en la que nos desenvolvemos la que nos pone límites a esa libertad. 

El Islam considera a la libertad como un derecho natural del ser humano. La vida se vuelve carente de valor cuando la libertad no está presente. Cuando una persona pierde su libertad, su interior muere, aunque por fuera, continúe viviendo; comiendo, bebiendo, trabajando y siguiendo con las otras cosas de la vida[4].  

Analizando entonces la concepción occidental de Rousseau versus la noción islámica, podemos decir que la libertad es algo innato en el ser humano. Sin embargo, ¿cómo hablar de libertad en un mundo actual en el que unas naciones deciden el destino de otras? ¿Se puede hablar de respeto a las libertades cuando unos países invaden a otros, supuestamente para ayudarlos a alcanzar la tan anhelada libertad?

Savater dice al respecto que: “Sin voluntad no eliges y puedes quedarte ahí, pataleando y despotricando sobre un mundo que no te gusta. Todos estamos sometidos al tiempo y a la fatalidad, pero hay que interponer el mayor número de barreras, porque desde luego la libertad es una conquista"[5].

En el mundo de hoy, hay una práctica de la libertad, así como hay una práctica de la dominación. Actualmente, nos movemos, somos, vivimos, sufrimos, anhelamos, y morimos en sociedades en que se ejerce la práctica de la dominación[6]

No puede haber libertad, ni libertades si no existe respeto. Cuando se afianzó el poder de los países de arriba contra los de abajo, era obvio que el curso de la historia hiciera que los primeros sean quienes decidan sobre el destino de los segundos, ya que dio la casualidad de que estos eran los dueños de los recursos necesarios para los otros. 

Aquí hablar de respeto sería utópico, porque a causa de los intereses económicos y políticos, vemos en el mundo de hoy como las potencias han invadido a diversas naciones. Ejemplos de ello tenemos muchos, como Estados Unidos que ha intervenido en casi todo el mundo desde 1900 o Inglaterra que conquistó a la India. Pero las invasiones no se dan sólo por la vía militar, sino por otras como la globalización, un fenómeno que a lo largo del siglo XX se ha ido consolidando, junto con un modelo neoliberal capitalista en donde el libre mercado ha hecho que las naciones pobres dependan de vender y comprar productos a las naciones ricas y de ese modo asegurar la supremacía de las segundas contra las primeras. 

En medio de esto, ¿cómo se puede hablar de educación y libertad? ¿Qué modelos se deberían utilizar para poder enseñar a los estudiantes acerca de la libertad?

En un mundo tan cambiante como el actual y donde las sociedades se han vuelto cada vez más exigentes, es imprescindible que la labor del maestro vaya encaminada a ser una guía para que el niño y el joven tengan la capacidad de analizar lo que pasa en su entorno. También es fundamental que los maestros trabajemos en un concepto tan básico como la tolerancia y el respeto hacia el otro. 

En tiempos en los que la prensa nos bombardea todos los días con guerras, muertes, asesinatos, narcotráfico y violencia, es necesario que los maestros desarrollemos la capacidad crítica de los alumnos, a fin de que estos sepan diferenciar lo bueno de lo malo, y de que no se dejen alienar por los medios, sino que sean capaces de construir sus propios significados. 

Ahí considero que estaríamos haciendo de ellos personas libres, pues nosotros les daríamos las herramientas necesarias para que mejoren sus relaciones humanas y, hagan conciencia de lo que significa el respeto a los demás en todos los sentidos, no sólo en lo físico, sino en lo político, religioso y espiritual. 

Sin embargo, en una realidad como la ecuatoriana, hablar de libertad en la educación resulta paradójico si tomamos en cuenta que no todos tienen acceso a ella y los que la tienen, tampoco ejercen su derecho a elegir en qué institución desean estudiar. 

Desde tiempos coloniales adoptamos un modelo educativo en el que el profesor es el ente emisor y el alumno el receptor, como si fuera un cofre al que se le va llenando de cosas. Esto contribuyó a cortar la capacidad de síntesis y análisis de los niños y jóvenes. A esto hay que sumar el hecho de que por casi cuatrocientos años (entre 1551 a 1901), la educación ecuatoriana estuvo bajo el dominio de la Iglesia Católica, sin permitir que exista libertad de pensamiento, ni de culto. 

Pero a partir del triunfo de la Revolución Liberal se crearon los primeros institutos normales, ideados para la formación de maestros, así como la fundación de las primeras instituciones educativas creadas para mujeres y otras de carácter laico. Así se empezó a formar a una nueva sociedad que se desenvolvía en un país en proceso de desarrollo. 

No obstante, estas reformas no cambiaron mucho la estructura del sistema educativo, ya que los lineamientos utilizados en la enseñanza siguieron limitando la capacidad creadora del educando. Aquí es importante que estemos claros que, para lograr una educación para la libertad, es necesaria la participación de los profesores, los alumnos, la familia, la institución educativa, la sociedad, etc. Cada una de estas esferas debe posibilitar un clima de respeto y tolerancia, de autonomía e independencia para la educación en libertad[7].

La educación es apropiada, cuando se transforma en una educación de la libertad de o de la libertad para[8]. Por la primera expresión entendemos que se trata de la liberación de prejuicios, estereotipos y esquemas mentales de los adultos, que es preciso sacar de la mente del educador y del educando. Para ello es fundamental que los docentes se formen como entes de libertad y no como sucede en nuestro país, donde el magisterio ha sido estancado por la manipulación del partido político del MPD, cuya absurda alienación no ayuda a mejorar el sistema educativo, sino que lo ha dejado paralizado y a los profesores idiotizados. Una evidencia de este estancamiento fue la resistencia de la UNE al proceso de evaluaciones presentado por el Ministerio de Educación que en ese entonces estaba a cargo de Raúl Vallejo. 

Por ese motivo debemos insistir en que sólo el profesor que es "libre de", tiene el poder para producir un tipo de educación semejante a la que él ha recibido o se ha autoimpuesto.

Al estar "libres de" el educando y el educador están preparados para autorrealizarse como libres para juzgar a los demás entregarse sin prejuicios, dominar la naturaleza, ejercer el mando y otras funciones necesarias en la vida personal y social de los individuos[9].

En este punto debo señalar que el compromiso del educador es doble. Por un lado tenemos la obligación de asistir y ayudar al alumno a que corra su riesgo y arriesgarnos nosotros mismos ante nosotros y ante el alumno. Este compromiso tiene que ser liberador y no manipulador ni alienador. En el proceso educativo, el docente debe ir en búsqueda de la independencia de juicio y acción, porque cuanto menos necesite el alumno de su apoyo, a medida que progresa cronológica y escolarmente, mayor ha sido el provecho obtenido en el proceso enseñanza-aprendizaje.

Es importante que el educador respete la libertad del educando, pues es la única forma de lograr una mejor educación que ayude a nuestro país a salir de esa constante situación de ser dominado y se convierta en una nación donde el progreso y el desarrollo vayan de la mano con la formación de una nueva sociedad educada para ejercer su libertad con responsabilidad, justicia, equidad y respeto hacia los demás.


[1] Varios, Autores. “pautas para ser libre”. Artículo publicado en el portal Comunidad Educativa. Madrid. www.comunidadescular.educacion.es.
[2] Benítez, Lilyan y Garcés, Alicia. “Culturas ecuatorianas ayer y hoy”. Editorial Abya Yala. Quito. 1993. Pg.: 19.
[3] Amezquita, Alex. “Rousseau and Locke: The General Will”. Artículo “Rousseau y Locke: La Voluntad General”, traducido del inglés publicado en http://philosophy.eserver.org. Diciembre 1992.
[4] Varios, autores. “Concept of freedom in Islam”. Artículo en inglés de la Islamic Society of Massachussets, publicado en http://www.masjidma.com.
[5] Varios, Autores. “pautas para ser libre”. Op. Cit.
[6] Freire, Paulo. “La educación como práctica de la libertad”. Siglo XXI Editores. México, Pg.: 18.
[7] Cuevas, Bettina. “La Libertad”. Monografía publicada en www.monografias.com.
[8] IDEM.
[9] IBIDEM.

2 comentarios:

  1. Como trabajo?...Excelente!...Bien documentado...pero he aqui una preguntita: QUE POBRE DESEA A MISERABLES COMO COMPRADORES DE SUS PRODUCTOS?

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  2. Al ver este artículo,la esperanza que nos quitan los medios de comunicación día a día, vuelve a nosotros al leer el pensamiento de jóvenes de nuestra patria que suñan con un mejor porvenir.

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