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miércoles, 21 de septiembre de 2011

¡El mundo de cabeza!

En Jackson, estado de Georgia, Estados Unidos, el ciudadano afroamericano Troy Davis fue ejecutado por la justicia de ese país, luego de que un fallo de la Corte Suprema dictara la pena de muerte a un hombre que fue acusado por matar a un policía en 1989, aún cuando muchas pruebas apuntaban a su inocencia.

Toda la prensa internacional le ha dado cobertura a este evento, y entonces me hago la pregunta: ¿es este un acto de justicia?.


Mientras esto sucedía en Georgia, al norte del país, en Nueva York se reunía el foro de las Naciones Unidas en el cual el presidente Barak Obama manifestaba su irrestricto apoyo al Estado de Israel, debido a ser un país donde viven 8 millones de almas que han sido odiadas y perseguidas a través de su historia. De igual manera, monssieur Sarkozy de Francia añadió en su elocuente intervención, que su país estará dispuesto a apoyar a Israel en cualquier caso que crea conveniente. Ambos discursos negaron la posibilidad de que exista un estado de Palestina, contraponiéndose al pedido unánime de otros países como Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil y decenas de naciones.

Estos acontecimientos se sucedían paralelamente al recrudecimiento de la invasión estadounidense y europea en Libia, Afganistán e Irak, donde por cierto, miles de inocentes han sido asesinadas.

La pregunta es: ¿Es la muerte de Troy Davis más importante que la de millones de seres humanos en el mundo?

No quiero decir que la vida de este afroamericano no haya sido importante, de hecho este hombre ha sido una de las tantas víctimas de esa guerra que inició el Imperio hace más de cincuenta años contra el mundo. Lo que es indignante de todo esto no es la noticia de la muerte de Davis, que igual es un asesinato amparado bajo las leyes de la "justicia" de los Estados Unidos, sino el hecho de que la humanidad condene este "homicidio legal" y se preocupe poco o nada por las masacres que día a día suceden en Medio Oriente, Haití y en África. A nadie parece importarle el hambre y la miseria de miles de pueblos que siendo "miembros" de la ONU, no tienen ni voz ni voto en las decisiones que toman los poderosos.

La mandataria del Brasil Dilma Russef le habló de igual a igual a la burocracia dorada pagada en dólares de la ONU, exigiéndole que su país sea un miembro activo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, algo que ningún otro país del bloque denominado "emergente" se ha atrevido a pedir, y mucho menos en la boca de una mujer.

Este pedido no es más que la respuesta de un mundo pluripolar que está cambiando y que exige cambios estructurales en las políticas sociales. El mundo en parte aplaude la muerte de Davis por ser un asesino que mató a un "agente del orden" (de esos que hostigan, persiguen y matan a los inmigrantes ilegales), al mismo tiempo que parece aplaudir desde el palco, las matanzas perpetradas por las tropas de Estados Unidos y la OTAN sobre territorio libio. Así como el mundo calló la masacre de Ruanda en África y ha silenciado por décadas el saqueo de Haití.

El mundo parece estar de cabeza, pues la humanidad parece haber perdido la razón, el entendimiento, esa luz que irradió la Revolución Francesa de 1789. El mundo está de cabeza, porque se juzga a un hombre afroamericano por matar a un policía, mientras nadie hace nada por juzgar a los directivos del Fondo Monetario internacional que han llevado a esta crisis brutal en el mundo. A ninguno de estos banqueros los han enjuiciado y mucho menos les han declaro culpables de nada. 

El mundo está de cabeza porque le hemos dado el Premio Nobel de la Paz a un afroamericano, cuya historia es la misma de Troy Davis y de millones de afroamericanos que por siglos lucharon por la igualdad de derechos, con la única diferencia de que al parecer a este señor afroamericano llamado Hussein Barak Obama II, se le olvidó que por sus venas corre sangre keniana, irlandesa y musulmana; es decir tres regiones afectadas por la división, el intervencionismo y las desigualdades sociales.

Mientras los headlines del New York Times, de la BBC World, de la CNN International, de Le Monde Diplomatique y de El País dan un amplia cobertura a la muerte de Davis yo les dejo con la interrogante: ¿no creen que el mundo esté de cabeza?

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